Amando….en el Metro

Hoy, viajando en el Metro, he visto un acto de amor precioso. Un ciego iba con su perro, un labrador negro. Una chica le ha preguntado al dueño, el ciego,”¿puedo tocarle?” -bueno, esto es lo que yo imagino que le ha dicho porque desde donde estaba no podía oírles-. La chica entonces se ha agachado y ha empezado a acariciar al perro, le sonreía, le besaba. El perro la lamía, movía vigorosamente su cola (por cierto, otra chica, que iba sentada al lado del ciego, es la que recibía los coletazos, mientras que el dueño interponía su mano para que no le llegaran con tanta fuerza).

Han sido unos segundos, ¿treinta? No sé, pero me ha encantado presenciar esa expresión de amor….La chica tenía una cara de felicidad que casi se le caía la baba; al perro también se le caía la baba. Creo que al ciego también…Yo he sonreído (feliz y babeante) y he pensado “qué necesidad tan poderosa tenemos de amor, qué necesidad de mostrar amor, qué acto de Amor…en el Metro”.

amor labrador

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experimentar la pérdida

 

Quiero hablar sobre la pérdida; las pequeñas, las grandes pérdidas. Total, ¿qué sé yo del tamaño de las pérdidas?, ¿acaso conozco el tamaño del Universo?, ¿sé entonces lo que es grande y pequeño?

A lo largo de mi vida he sufrido pérdidas. Sí, sufrido. Y he sentido cosas como enfado, miedo, desesperación, tristeza. Creo que siempre que he perdido -un ser querido, salud, pareja, trabajo, amiga, fe- he sentido que menguaba, que me hacía más pequeña, que era menos.

Pero, ¿es esto verdad? ¿Perder significa Ser menos? Creo que no. No.

Perder es un movimiento más de la vida. Ganar también.

Entonces, ¿por qué he sentido la pérdida cómo algo malo, algo negativo, algo que no tiene que ocurrir?

Hoy, por primera vez, Experimento la Pérdida. No es mala, ni buena. Es. Y yo Soy. Soy la misma en la pérdida y en la ganancia. Experimento el hueco, el vacío, la sensación…

Y sigo viva. Sigo Siendo. ¿Acaso es posible una vida sin pérdidas?

La pérdida y la ganancia son la contracción y la expansión, el movimiento de la vida, el latir, el pulso…

olas

LA VIOLENCIA

¿Es posible un mundo sin violencia?

Hasta nuestros días la respuesta es NO.

No sé si por mi carácter optimista por naturaleza pero tengo el sueño de un mundo habitado por personas que conscientemente deciden no producir violencia. Conscientemente deciden.

Pero, ¿esto qué es?

Voy a tratar de explicarme. A menudo escuchamos el discurso de si una persona nace violenta o se hace violenta. Yo creo que las personas no nacemos violentas, ni siquiera nos convertimos en violentas. No hay personas violentas. La violencia no es un rasgo que defina a las personas. La violencia es un producto, una creación (o una destrucción); es un resultado, una consecuencia. Y como producto, está en mis manos no generarla. Está en las manos de cada uno de los seres que habitamos este planeta no crear violencia.

Hasta aquí la cosa pinta bien…. Entonces, ¿por qué hasta la fecha no hemos sido capaces de hacerlo? Imagino que, igual que como con el resto de fenómenos humanos, no hay una explicación única.

Cada uno de nosotros venimos al mundo con el germen de un amplísimo repertorio emocional: ira, amor, compasión, ternura, ilusión, tristeza, envidia, orgullo, miedo,…

Me gusta pensar que este repertorio equivale a nacer con un magnífico lote de témperas y de pinceles. Tenemos témperas de muchísimos colores y pinceles de todos los tipos. Y ahora nos toca pintar. Algunas personas siempre pintan lo mismo; otras, utilizan una y otra vez los mismos colores. Hay gente que pinta lo que ha visto pintar a sus padres, a sus hermanos, a sus tíos. Otras, incluso, no saben de qué colores o pinceles disponen. Algunas piensan que determinados colores o pinceles no son para ellos, sienten no tener el derecho de utilizarlos.

A estas alturas estarás pensando “bien, ¿y qué tiene que ver este rollo de las témperas y los pinceles con la violencia?”

La violencia es “un cuadro”. Podemos decir que estos cuadros comparten unos colores y pinceles determinados. Es decir, la violencia se elabora con ira, envidia, miedo, frustración,… Hay ocasiones en las que no podemos elegir nuestra respuesta emocional, nuestra supervivencia o nuestra integridad están en juego. Pero en la mayoría de las ocasiones sí podemos elegir.

Pero para tomar una buena decisión es básico saber de qué alternativas disponemos, qué colores y pinceles tenemos. Y para ello, me tengo que poner a observar, a hacer recuento, a buscar. A esto llamo hacernos conscientes. Y después, elijo; tomo una decisión. Conscientemente decido.

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PREVENCIÓN DE LAS ADICCIONES DESDE ESPACIOS DE REFLEXIÓN

¿Qué nos preocupa de nuestra vida?, ¿cuáles son los malestares que nos persiguen? Pareciera que empieza a ser normal ver a padres y madres desconcertados, sin modelo de autoridad contenedor.

El fracaso escolar, las adicciones, el retraimiento social, la violencia, la falta de comunicación,…. ¿es normal?, ¿es saludable?

En estos momentos, nuestras vidas se desarrollan dentro de una sociedad de consumo, en la que todo se puede comprar, queremos algo y lo queremos ¡ya! y, entonces, lo compramos. Esta sociedad nos hace expertos en ser personas sin tolerancia a la frustración. Este modelo de sociedad, por supuesto, se hace extensivo a las dinámicas familiares. Los padres y madres nos esforzamos por darles todo a nuestros hijos, pensamos ¡qué no les falte de nada!….¿los saturamos?

Algunas de la dudas que nos asaltan son: ¿puede mi hijo colaborar ya en alguna tarea doméstica?, ¿le dejo las llaves de casa?, ¿puede salir solo?, ¿hasta qué hora?, ¿le dejo solo en casa?, ¿cómo sé que no me necesita?

Pies bajo el agua

CRECER significa DESPRENDERSE pero ¿facilitamos como familia ese camino de desprendimientos?, ¿ayudamos a elaborar los duelos por esos desprendimientos?

En este camino de dejar atrás, de crecer, llegamos a la ADOLESCENCIA. Es quizá la etapa evolutiva con más connotación negativa, es por ello, que no legalizamos este desprendimiento. Frente a nuestros hijos adolescentes lanzamos un doble mensaje, tienes que crecer y ser autónomo pero no te doy el permiso. En esta atmósfera los hijos pueden buscar nuevas dependencias, emocionales, sociales, conductuales. Estas dependencias no resueltas generan un caldo de cultivo propicio para que cualquier tipo de adicción pueda manifestarse.

Muchas veces me han preguntado cuál es la mejor edad para empezar a hacer prevención de drogodependencias y siempre contesto, si empezamos en la adolescencia ya vamos tarde. Es necesario crear Espacios de Reflexión donde podamos pensar nuestro papel como hombres y mujeres, como padres y madres, donde podamos elaborar criterios para ayudar a crecer, donde podamos entender qué es la autoridad, para qué sirve, donde brindemos apoyo para generar alternativas para una crianza saludable.

Maribel Díez – Psicóloga

Este artículo está inspirado en la metodología de los procesos correctores comunitarios de Mirtha Cucco.